Las fachadas de los desarrollos residenciales privados están cambiando de piel. El hormigón visto convive con la madera tratada y las pieles ventiladas, mientras los arquitectos buscan un equilibrio entre durabilidad, mantenimiento y expresión. Este artículo revisa qué materiales están eligiendo los estudios argentinos para obra nueva, cómo responden al clima local y qué implican en costos de mantenimiento a largo plazo. También señala qué soluciones quedaron relegadas y por qué. La intención es dar criterio, no catálogo.
Hormigón visto: del gesto estructural al acabado final
Durante años el hormigón visto fue sinónimo de obra pública o de arquitectura de autor. Hoy aparece con naturalidad en edificios de doce a veinte unidades, sobre todo cuando el estudio quiere mostrar la lógica constructiva sin revestirla. La clave está en el encofrado: tableros fenólicos nuevos, aceitado cuidadoso y un curado lento que evite manchas. En Cipolletti y en el Alto Valle, donde la amplitud térmica castiga las superficies, los estudios suelen especificar hormigones con mayor contenido de cemento y juntas de dilatación más frecuentes que en Buenos Aires. El resultado aguanta bien la intemperie, pero exige una decisión temprana: una vez que se elige, no hay vuelta atrás sin costo alto.
Madera tratada: cuándo conviene y cuándo no
La madera tratada con autoclave volvió a las fachadas por dos razones concretas: rapidez de montaje y calidez visual. En barrios con baja densidad y retiros amplios funciona muy bien como piel secundaria, sobre todo en balcones y quiebrasoles. El problema aparece en la orientación oeste y en zonas con viento seco: sin mantenimiento cada dos o tres años, la superficie se agrieta y pierde color. Los estudios que la usan en serio suelen combinarla con una estructura de sostén metálica y dejar cámara de aire, para que la madera no toque directamente el muro húmedo.
Pieles ventiladas: el sistema que más creció en obra nueva
La fachada ventilada dejó de ser una rareza importada. Con placas de fibrocemento, cerámica extruida o aluminio compuesto, el sistema resuelve dos problemas a la vez: aísla térmicamente y permite cambiar una pieza sin intervenir el resto. En desarrollos de categoría se está volviendo el estándar para los frentes principales, mientras las medianeras se resuelven con revoque o con el mismo hormigón visto. El costo inicial es más alto, pero el mantenimiento se reparte en décadas y no en años.
Lo que quedó relegado
El revoque plástico texturado, tan común en los 2000, perdió terreno frente a estas alternativas. También el ladrillo visto a la vista, salvo en proyectos de escala chica donde el artesano todavía tiene peso. La razón no es estética: es previsibilidad. Un comitente privado prefiere un sistema que pueda auditar y mantener sin sorpresas.